15 de febrero de 2017

Andanzas: Tsvietáieva y Kristof


Si pudiera cambiarme las piernas, una pasaría a llamarse Marina Tsvietáieva y la otra Agota Kristof. Sobre ellas —con ellas, solo con ellas— caminaría. En mí están, ¡pero no como piernas!: como literatura leída. Quieta me quedo. Mi instinto escarba en la nieve. La razón —sus preguntas—: ¿Hay día libre de noche?




5 de febrero de 2017

S. Márai: El último encuentro

Sándor Márai: El último encuentro.
Salamandra. Traducción de Judit Xantus Szarvas.

Hay dos o tres verdades que a veces me rompen el sueño. Miro y escruto sus caras. Pongo a salvo mi mejilla. Cambio de lado mi yo. El peso de esas verdades produce palpitaciones de onda larga. Para qué sirve todo esto —para qué sirve la verdad—. Quisiéramos explicaciones, sensatos sentidos, historias con su principio y su fin.  

Sándor Márai (1900-1989) nació en Kassa, ciudad húngara  perteneciente a la actual Eslovaquia. Exiliado en Europa y emigrado a EEUU después de la II Guerra Mundial, fue uno de los autores centroeuropeos más destacados de su tiempo. Su obra estuvo prohibida en Hungría durante el régimen comunista. Se quitó la vida poco antes de la caída del muro de Berlín.

«Quiero la verdad, y la verdad ya no son para mí los hechos polvorientos». Después de cuarenta y un años, atados por una hebra que levanta la testa como reptil al ataque, dos viejos amigos vuelven a verse. Atravesarán juntos, en este último encuentro, la cabeza de la aguja: el enigma que puso en jaque su amistad y oscureció su despedida.

«El destino no es casualidad ni accidente, sino el resultado natural de unos acontecimientos encadenados, imprevisibles y difícilmente inteligibles». Vivir: es lo que hay. Donde tanto rige el azar como el empeño, la razón como el instinto, la prudencia como el valor. Donde tanto importa quien se es como quien se quiere ser, aunque esto —¿qué se es?— cuesta saberlo.

Obra de un profundo calado psicológico y una prosa amparada en la belleza.

«Diez millones de personas murieron en la guerra. Se había incendiado el mundo, y ardía con tantas llamas y tanto humo que uno pensaba a veces que allí arderían todas las dudas personales, todos los problemas, todas las pasiones... Pero no fue así».

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* Voor René Lantinga. In dankbaarheid voor die mooie pianoleesmomenten.

27 de enero de 2017

Jesús Carrasco: La palabra justa



Tiendo a distanciarme de quienes hablan mal y mucho. De los gárrulos, de los palabreros, de aquellos que nunca dudan. De algún modo —de muchos— es una cualidad que se percibe en la escritura. No creo que un charlatán de feria logre escribir nunca nada bueno. Quedará atrapado en su plumaje de loro y podredumbre verbal.

A finales de 2016, el Instituto Cervantes de Utrecht recibió la visita de Jesús Carrasco. El autor de Intemperie (Seix Barral, 2013) charló con un amplio grupo de lectores sobre La tierra que pisamos, su última obra publicada. Con sencillez, sin altanería, mantuvo una conversación en la que habrían cabido más preguntas, lo que siempre es buena señal. Tras el encuentro con el público, el autor respondió a nueve de esas preguntas silenciadas durante el acto. Aquí mis muchas gracias por su gentileza y colaboración.

Detrás de una primera obra publicada hubo siempre un escritor previo. ¿Cómo era el Jesús Carrasco anterior a Intemperie?

Primero, como es natural, fui lector. Mis inicios como tal coincidieron con la apertura de la Biblioteca Pública de Torrijos, el pueblo de Toledo en el que pasé mi infancia y mi juventud. A los diecinueve años empecé a escribir diarios y, poco a poco, a medida que maduraba como lector, la escritura empezó a tomar forma literaria. Hasta la publicación de Intemperie escribí muchos relatos, cuentos infantiles, un par de novelas para niños y una para adultos.

¿De dónde salen sus personajes silenciosos? ¿Tiene que ver con una responsabilidad (literaria) de otorgar la palabra al que no habla, de completar la historia ya contada?

Supongo que todo empieza con mi padre, que era un hombre de pocas palabras. La mayoría de las cosas que aprendí de él me fueron transmitidas en silencio. Desde el punto de vista literario hay un juego que me interesa: el de tratar de contar con la escritura, es decir, con palabras, aquello que no se puede expresar plenamente con palabras: el dolor, el amor, la pérdida. Por otra parte, el silencio de los personajes alienta, en mi opinión, la voz de los lectores.

En sus obras se percibe un intento de lograr un lenguaje sólido con el que expresar la fragilidad y vulnerabilidad más absolutas. ¿Es un juego de espejos?

Algo así. Tiene que ver con mi anterior respuesta. El lenguaje como condición de posibilidad para construir lo real y, al mismo tiempo, su incapacidad para expresar la totalidad de esa realidad que genera. ¿Es posible trasladar la experiencia del desamparo, por ejemplo? ¿Puede un padre que ha visto morir a su hijo hacer entender a los demás lo que se siente? ¿Puede Dios ser expresado con palabras? En mi opinión se puede, pero de manera incompleta y deficiente.

¿Qué provoca la transformación interior, esa quiebra completa de la maquinaria que lo sostiene a uno?

Curiosamente y, a pesar de sus limitaciones, es el lenguaje quien nos sostiene en pie. Nos mantenemos derechos en la medida en que somos capaces de nombrar. El hombre que se quiebra, en mi opinión, es el que se queda sin palabras.

¿Cree de verdad que nos une el dolor por encima de todas las cosas?

Sería más hermoso pensar que es el amor el que nos une. Sin embargo, no creo que haya una experiencia más igualadora que el dolor. Puedes ser la persona mas poderosa del mundo, o la más miserable, y en ambos casos tendrás una experiencia similar cuando te corten un dedo o te enfrentes a la muerte de un amigo.

¿Cuál es la peor de las violencias?

La que se ejerce contra los débiles. En particular contra los niños.

«Estar despierto significa no ser capaz de interpretar lo que sucede a su alrededor», dice uno de sus personajes en La tierra que pisamos. ¿Está de acuerdo?

No del todo. Cuando el narrador nos dice eso nos está hablando de un hombre que ha sido completamente desmontado como ser humano. Un hombre tan maltratado que ya no es capaz de interpretar la realidad de manera ordenada y coherente. Quise expresar lo que imagino que debe de sentir alguien cuyas categorías han sido dinamitadas. Alguien que lo ha perdido todo, hasta las palabras.

¿Habría resultado La tierra que pisamos la misma novela teniendo a dos mujeres como protagonistas?

En cierto modo sí y en cierto modo no. El personaje de Eva se desarrolla, al menos, en dos planos: como mujer y como miembro de una élite que ha sometido a los habitantes del pueblo. Curiosamente, sitúo ambas categorías en los extremos del mismo eje, es decir, cuando más apela Eva a los valores que yo atribuyo a lo femenino, a saber, el cuidado, la sensibilidad hacia lo próximo o la capacidad para auto transformarse, más se aleja de su posición de superioridad social.

Trabajó muchos años en el mundo publicitario. ¿Qué favores hace la publicidad a la buena literatura? ¿Cómo debería promocionarse la literatura de calidad?

No creo que sea la publicidad la encargada de promocionar la literatura de calidad. Esa literatura ha de ser impulsada por los poderes públicos y alentada por las familias a través del fomento de la lectura. Estamos a una enorme distancia de los países avanzados en este sentido. Tenemos mucho que aprender, sobre todo nuestros políticos. Todo sería más sencillo si fuéramos capaces, de una vez por todas, de lograr un pacto de Estado sobre la educación.

13 de enero de 2017

H. Peeters: Malva

Hagar Peeters: Malva.
De Bezijge Bij.


«Me llamo Malva Marina Trinidad del Carmen Reyes, para mis amigos de aquí Malvita; Malva para todos los demás. Puedo asegurar por supuesto que ese nombre no lo concebí yo. Lo hizo mi padre. Lo conoces, el gran poeta. Igual que titulaba sus poemas y poemarios, así me dio a mí un nombre. Pero nunca lo pronunció en público. Mi vida eterna empezó después de mi muerte en 1943 en Gouda. Mi entierro congregó a un puñado de gente. Muy diferente del funeral de mi padre, treinta años más tarde en Santiago de Chile».*

Así comienza la narración de Malva (2015), primera y aclamada novela de la poeta neerlandesa Hagar Peeters. Malva Marina nació en Madrid en 1934 y murió a los ocho años en los Países Bajos. Fue hija de Pablo Neruda, única y legítima, fruto de su matrimonio con Maria Hagenaar Vogelzang —alias, Maruca—, a quien conoció en Java.

Neruda y Maria Hagenaar
La niña padecía hidrocefalia. Mientras Lorca le ofrece sus “Versos en el nacimiento de Malva Marina”, su padre, el dador de nombres, escribe por carta: «Mi hija, o lo que yo denomino así, es un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma».

En 1936, al estallar la Guerra Civil española, el poeta se despide de Maria y de esa cabeza henchida. No consta que volviera a verlas. Para entonces ha entablado relaciones con quien será su segunda esposa, Delia del Carril. Malva y su madre llegan a La Haya. Con los cheques que Neruda les envía no consiguen sobrevivir. Maria empieza a trabajar y pone a la niña al cuidado de los Julsing, una familia de Gouda. Visita a su hija una vez al mes en tren.

Malva Marina Reyes
Malva no llega a hablar ni a caminar, aunque emite ciertos sonidos, una especie de canto (¿en honor a su padre, el poeta? ¿En honor al segundo apellido de su madre, literalmente «canto de pájaro»?). Neruda, ocupado en embarcar exiliados españoles rumbo a Chile, desoye las llamadas de auxilio de Maria. Su crueldad respecto a ella fue terrible. La única amante sin un solo verso. La extranjera. La sin palabras. La sin afecto. Sin medios, sin dinero, el abandono al que se vio abocada fue total.

Cuando la niña fallece, Neruda no responderá al telegrama que le comunica su muerte. Por el resto de su vida, sellará a cal y canto su silencio sobre la existencia de Malva, que tampoco aparecerá en sus memorias oficiales. De este modo, el punto y comaMalva Marinaes empujado a la patria de los que nunca existieron, al limbo de los desterrados.

Sin embargo (¿cómo no? Como siempre), gira la historia: su tumba se descubre en 2004. Y Peeters visita, como su propio padre hiciera años atrás, Chile. Escucha en Isla Negra el nombre bello y olvidado: Malva, Malva. La hija de Neruda. Yo, Hagar, la hija de mi padre. El que asistió al funeral de Neruda mientras yo, en Holanda, gateaba. El que no me reconocería hasta mis once años.

Los poetas habitan las profundidades de su lengua y Peeters gobierna su idioma: es la elegida para a dar voz a Malva («Busco una mano que no se aleje de mí»*). Rigurosa y tenaz en la presentación de los hechos, despliega un texto revestido de cuchillas, una prosa que se agita como un látigo. Los sonidos de una niña enferma se transforman en frases largas y caleidoscópicas; en un discurso rotundo e infalible en su aparente tono infantil; en un espejo que refleja el incómodo hueco de un diente arrancado. Esas complejas oraciones y ese uso poético del idioma sirven a Malva para impresionar a su padre, pues con ellas le ofrece lo mejor de sí misma.

El más allá cobija igualmente a otros hijos rechazados, compañeros de juego de Malva: Oskar Matzerath (El tambor de hojalata), Lucia Joyce (hija de James) y Daniel Miller (hijo de Henry), lo que arrastra la cuestión de la ‘suerte moral’ (moral luck): ¿Son compatibles la creación y la fama con el ejercicio responsable de la paternidad? ¿Es excusable el abandono de un hijo en pos de una obra inmortal?

Los versos más tristes permanecieron bajo una lápida que se salvó de milagro: porque Maria Hagenaar abonó los derechos del enterramiento de su hija hasta 2003; y por declararse el camposanto en 1997 monumento municipal.

Cementerio Viejo de Gouda. Por cortesía de Manuel Montero

«Muerta estaba tal y como en vida parecía»*, dice Malva en la desoladora descripción de su muerte. Pocas cosas duelen tanto como la ausencia de amor, como no significar. Frente a la pasión (voluptuosa, débil, traicionera), ¿no se erigen en amables náyades la responsabilidad y el compromiso? Contradicciones morales. Alturas y bajuras. «Llegaré a él de todos modos, me aceptará de una u otra manera»*. Por encima del amor del padre, Malva persigue su reconocimiento. Captar su primer y último saludo. Su pasaporte a la memoria de los vivos. Porque «Toda mi bilis hace eco por el cielo»*.

¿Funcionará Malva en español? ¿Dibujará el mismo aullido, proyectará el mismo dolor, las mismas sombras? No es reto pobre traducir esta obra. El trabajo está en marcha y corre a cargo de Isabel Lorda Vidal. La editorial colombiana Rey+Naranjo tiene previsto publicarla el año próximo.

Mantengamos el alcance de su tiro. Nunca un punto y coma habló tan fuerte. Nunca un punto y coma dijo tanto.
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*Traducciones propias.

Versos en el nacimiento de Malva Marina
(Federico García Lorca, 1934)

¡Malva Marina, quién pudiera verte

delfín de amor sobre las viejas olas,
cuando el vals de tu América destila
veneno y sangre de mortal paloma!

¡Quién pudiera quebrar los pies oscuros
de la noche que ladra por las rocas
y detener al aire inmenso y triste
que lleva dalias y devuelve sombras!

El elefante blanco está pensando
si te dará una espada o una rosa;
Java, llamas de acero y mano verde,
el mar de Chile, valses y coronas.

Niñita de Madrid, Malva Marina,
no quiero darte flor ni caracola;
ramo de sal y amor, celeste lumbre,
pongo pensando en ti sobre tu boca.


Autopista
(Joan Margarit, Cálculo de estructuras, Visor, 2005)

Empieza a anochecer, y en el coche la voz
grabada de Neruda recita sus poemas.
Entre roncos camiones nuestros faros
se adentran en la lluvia. Parece que buscaran
a una niña olvidada en una tumba
y el poema que él nunca le escribió.
Ególatra y patético, mi héroe
¿llegó a sentir alguna madrugada
que amar no es escribir cantos de amor?
Pobre Neruda, pobre gran poeta
llorando bajo tierra por la niña
que le esperó en un viejo cementerio
en los campos violeta y amarillos de Holanda.
Los poemas la ocultan como a un pájaro muerto
que el viento va cubriendo de hojarasca.

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Peeters, Hagar. Malva. De Bezijge Bij, 2015. 239 páginas.


Reseña publicada en Las Críticas (último número):

 
Hagar Peeters (Ámsterdam, 1972). Escritora y poeta holandesa, doctorada cum laude en Historia de las culturas y las mentalidades. Ha escrito seis libros de poemas y merecido, entre el 2002 y 2005, los tres premios nacionales más importantes de poesía. Malva es su primera novela y con ella ha ganado el premio Fortis Literatura 2016. Vive en Ámsterdam.

31 de diciembre de 2016

Selección "Fin de Año"


Y ahora sí (muchas horas de lectura no le quedan a 2016), estas son las obras que más profundamente han señalado mi año:

1. Patria, de Fernando Aramburu. Sacudida. Qué llantos. Me explayé sobre ella en una entrada previa, así que no me repito. (Para quien guste, aquí)


2. Malva, novela de la neerlandesa Hagar Peeters. Habla la hija de Neruda. La reseña está escrita y pronto aparecerá en Las Críticas.


3. Marina Tsvietáieva. Cualquier obra (preferentemente, todas). La producción literaria de esta poeta rusa (diarios, ensayos, teatro, epistolarios; poesía —por supuesto—) es refugio y muestra de su drama y genialidad auténtica. En algún momento del año próximo escribiré sobre ella.


Dicho lo cual:
Que comiencen 2017 con buen pie... y se golpeen lo menos posible contra libros que no merezcan su pena. 

16 de diciembre de 2016

A. García-Villalba: Homoconejo


Alfonso García-Villalba: Homoconejo.
E.d.a. libros. Colección Los días terrestres.


Murcia es la provincia española en la que nunca he puesto las piernas. Nada de lo que allí acontece —sus polígonos industriales, la calina suspendida, su aura hortícola— tiene en mi cabeza parámetros demostrables, visos de realidad. Santo Tomás.

Cierto es que en mi boca baila una gota dulce de sangre derramada por algunas muestras —meritorias— de literatura murciana. Pero Murcia, al fin y al cabo, luce (para mí) en el centro de un laberinto, ocupando una dimensión misteriosa y lejana.

«Según M, escribir consiste básicamente en empezar a usar palabras y comprobar adónde puedes ir con ellas. Algo así como lanzarse a ver qué pasa. [...] El proceso de escritura hace que la idea se adapte a la realidad y a los medios con que se cuenta».

Querido credo:
No estoy en desacuerdo
con lo entrecomillado.

El laberinto «… es una caja donde todo el sentido se impregna de duplicaciones, bifurcaciones, un lugar donde el vórtice espacio-temporal arma su juego insano de repeticiones esquizoides». Homoconejo encierra cine, arte, alteraciones perceptuales; sentidos y contrasentidos; deseo-líquido-amniótico; «una gramática onírica»; vínculos intergalácticos.

Un lepórido antropomorfo guía el paso por el mundo-madriguera. Dédalo el proyectista: arquitectura maciza. La realidad enredada. Un relato esquizorrealista «donde no hay moraleja».

Busquen a este lagomorfo. Ingerido antes de dormir pondrá en jaque su vida onírica. Evocarán ese sexo, «pálido y profundo». Y lo que es mejor: dudarán de todo.

7 de noviembre de 2016

NOTAS CRUDAS: Patria


Fernando Aramburu: Patria.
Tusquets Editores.


                                           En el punto de mira 
                                           la sospecha
                                           de la no pertenencia
                                           y su impúdica
                                                  inmoral
                                           liberación.

No sé bien cómo empezar estos comentarios. Terminé la novela hace un par de semanas y la emoción me pudo en varios momentos. No he querido, sin embargo, escribir desde el dolor, la pena, el enfado, la perplejidad o la rabia. Decidí reposar lo leído y zambullirme en otras obras. Me gustaría lograr un tono neutro, telegráfico casi, desprovisto en todo caso de afección y sentimentalismo. Por ello estas ‘Notas crudas’; no se me ocurre otro encabezamiento. Seguiré el orden en el que fueron tomadas en los márgenes del libro, agregando los pensamientos generados que sea capaz de recordar. Escribo para aquilatar la memoria, pero sobre todo para vencer miedos. Cada palabra que escribo supera un temor.

·       Mi biografía está marcada por dos latitudes, dos horizontes, y por dos versiones de la misma lengua. En ambos parajes: seres humanos, con sus virtudes y defectos.
·       Me gusta cómo practica Bittori su «ateísmo silencioso» sentándose en la iglesia. Yo también suelo hacerlo. Se observan cosas extrañas en las iglesias.
·       Mi abuela también me llevaba de niña a la iglesia de los capuchinos, camino de la estación, a las afueras de su pueblo. En aquella estación mi abuelo había sido ferroviario. En la iglesia saludábamos al padre Benjamín, a quien la familia debía algún favor. Mi abuela vivía en un pueblo del valle de la Burunda. Un pueblo envenenado, como tantos otros pueblos.
·       Dice Bittori a su marido muerto: «Ya no soy como cuando vivías. Me he vuelto mala. Bueno, mala no. Fría, distante. Si resucitas, no me reconoces». La crueldad y la violencia provocan todo tipo de amputaciones y una es esta: una nueva piel que raspa las propias manos, cuya existencia no se puede negar.
·       Lo que yo entendía por liberación en ese lugar es el antónimo de lo que los libertadores pretenden: un lugar libre de nacionalismos y, sobre todo, de comecocos y lavacerebros.
·       Mi abuelo tenía una cabaña en una huerta, como Joxian. La llamábamos “la chabola”. Me ha gustado recordar esa palabra. Me ha traído muchas horas de juego, con azadas, cuchillos y utilería labradora varia, a la memoria.
·       «...le parecía que, más que enterrar al Txato, lo estaban escondiendo». Los seres humanos tenemos finas antenas para captar el desprecio. No es difícil hacer que el otro se avergüence y arrepienta… incluso de estar muerto.
·       Hombres que fuman, beben y juegan a las cartas. Hombres de olor rancio, portadores de boina y barriga.
·       Bittori comprende que Miren, como madre, se fanatice por su hijo.
·       «Te prohíbo que seas injusto». Qué grande esta frase. Derrota lo conocido por todos —que la vida no es justa— y le da la vuelta: ahí queda lo que cada cual puede hacer según su conciencia. «Sé justo, sé honrado, sé íntegro pase lo que pase, digan lo que digan». Nadie puede lograrlo a cada instante, qué sería entonces de nuestra imperfección humana. Por eso me gusta que Xabier se llame a sí mismo «gilipollas» mientras vacía su botella de coñac.
·       Xabier, Gorka y Arantxa son los personajes con los que más he conectado. En Arantxa y Gorka hay pensamiento razonado, miran a su alrededor, extraen conclusiones y actúan en consecuencia. No así Nerea, que pasa de abertzale a rechazada sin reflexión de por medio.
·       Gorka y sus lecturas. Conmovedor con su Dostoievski. O cuando dice: «A mí, de esta sumisión, sólo me sacarán un cambio de aires y estudiar».
·       Qué brutal contraste entre la compasión y la racionalidad de unos y la crueldad fanática de otros.
·       La paz, el perdón (sin que los asesinos pidan disculpas ni muestren arrepentimiento), el fin del conflicto. Tergiversación cobarde e interesada. El abandono de las armas (que ETA ni siquiera ha entregado) solo significa que, entre todos los golpes que continúan sonando, no estará el de los disparos.
·       Porque todo lo demás sigue intacto. ¿Indicios de cambio? ¿Qué ha cambiado? Miremos lo acontecido en Alsasua hace escasas semanas. Insultan, ridiculizan, censuran, acosan, agreden. Paz desde el odio. Mientras ser radical sea la norma, nada cambiará. Mientras continúe la manipulación infantil, el odio seguirá vivo y multiplicándose.
·       La infancia. Empecemos por la infancia, esa carne dúctil que hacemos fácilmente nuestra. Bailemos todos el mismo baile, cantemos los mismos himnos, con la misma letra. Celebremos la libertad de pensar y comportarnos de la misma manera. Porque así somos. Aita, ama, apoyadnos. El silencio, la cobardía, el consentimiento cómplice. El dañino imperio del grupo-cuadrilla. Sus lapidarias sentencias. «Aupa, fotógrafo». En la novela, el recibimiento que se hace en el pueblo al excondenado expresa muy certeramente todo esto.
·       Una banda terrorista que, en democracia, recibe tan enorme apoyo social… ¿Cómo es posible? ¿Son seres raros, sus adeptos? ¿O lo extraño es no serlo?
·       Tantos actos patrióticos financiados por todos…
·       «En un país como este lo mejor es callar».
·       Me gusta cómo van naciendo las dudas en Joxe Mari durante su periodo carcelario. Resulta convincente su abandono de ETA. «… así conocerá la soledad que ayuda a los hombres a volverse serenos y reflexivos».
·       Qué terribles pueden ser las madres con las nueras. Y qué mujeres más cabezotas hay en esta obra. No puedo evitar reconocerlas.
·       Exclusión, desprecio, deshumanización del otro… La defensa de una identidad nacional no es compatible con la libertad individual (ni con el respeto a ella).
·       Identidad, cultura, lengua… Veo difícil reconocer la singularidad de los demás sin dinamitar, racionalmente, estos conceptos. La identidad y la cultura se encuentran en permanente evolución (porque se construyen). Y la lengua debería ser un instrumento para la comprensión del mundo. Un instrumento que favoreciera precisamente la comunicación y el entendimiento con el otro, que no puede sino ser un otro diverso.
·       Nadie se lee el poema premiado de Gorka. Cuánto dice este detalle del nivel cultural y de la (nula) apreciación del logro individual o artístico.
·       La educación contra lo borreguil, contra la ingenuidad. ¿Ocurre así?
·       Cómo ha rechinado el castellano del norte siempre en mis oídos. Criticaban, sin embargo, el acento andaluz. Un desprecio basado en una asumida superioridad. Pero una superioridad basada en qué. Ser boliviano, nepalí o keniata no era molesto. Ser español —te definen ellos— sí.
·       Los saltos de tercera a primera persona son una genialidad en Patria. La narración como encaje de bolillos al servicio del fluir de la historia y la naturalidad de los personajes.
·       Capítulo de “Vascos asesinos”. Perdimos alguna antena durante nuestras vacaciones con coche matrícula NA en Andalucía. Podía suceder. Como también podía suceder que un familiar llamara «etarra, vasca mala» a una niña de cinco años cuando ella hacía alguna travesura.
·       El uso del escritor que interviene en el encuentro de víctimas del terrorismo me parece un excelente recurso autocrítico y metaliterario. Perfecto cameo si algún día hay película.
·       Destaco dos momentos que para mí resultaron especialmente lacrimosos: la aparición de Miren, Joxian y Arantxa en la boda de Gorka; la reacción de Joxe Mari al ver las fotos de su hermana Arantxa. Nada tuvieron que ver con el nacionalismo.
Patria: obra mayor, cumbre, redonda; retrato de una sociedad roída por un delirio peligroso; con unos personajes provistos de una despellejada humanidad.

* A mi padre.